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	<title>Rutas en coche de Cuatro Valles archivos - Turismo León</title>
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	<description>Consorcio Provincial de Turismo de León</description>
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	<title>Rutas en coche de Cuatro Valles archivos - Turismo León</title>
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		<title>Folleto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alvaro Miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Aug 2024 10:55:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La Montaña Cantábrica Leonesa ocupa buena parte del norte de la provincia, estructurado sobre el eje de varios ríos tributarios del Esla, que discurren en dirección casi norte-sur, a los que hay que añadir el Sil que forma parte de la cuenca del Miño.</p>
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		<title>Por el Valle de Omaña</title>
		<link>https://turisleon.com/lugares/por-el-valle-de-omana/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alvaro Miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jul 2024 09:18:42 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Es esta una ruta plena de recursos de toda índole, lo que permitirá descubrir uno de los valles más bonitos del noroeste leonés y que mejor ha conservado su sabor tradicional.</p>
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			<p>Es esta una ruta plena de recursos de toda índole, lo que permitirá descubrir uno de los valles más bonitos del noroeste leonés y que mejor ha conservado su sabor tradicional.</p>
<p>Los romanos calificaron a los habitantes de estos valles <em>homines maniun</em>, los hombres dioses infernales, por su carácter indómito y su tenaz resistencia a la romanización. Algunos autores consideran que ese apelativo terminó por dar nombre al río y a su valle, Omaña.</p>
<p>La ruta parte de la localidad de <strong>(1) La Magdalena</strong>, desde donde se distribuyen los accesos a los valles de Luna, Babia, Laciana y Omaña.</p>
<p>En la localidad se toma el desvío (LE 493) hacia Villablino  por Omaña y, tras cruzar el puente sobre el río Luna, se inicia el recorrido. Canales y La Magdalena crecieron con el auge de la minería durante el pasado siglo.</p>
<p>La ruta avanza rodeada de prados de siega y pronto destacan unos depósitos de arenas de vistosos tonos anaranjados, ahora aprovechados como áridos. Cualquiera de los pueblos que quedan en las laderas, fuera de la carretera, permitirá descubrir una arquitectura tradicional en la que casas y pajares se techaban, hasta no hace tanto, con paja de centeno.</p>
<p>Se llega así a <strong>(2) Riello</strong>, localidad amplia, con algún edificio singular como su iglesia o su casa-palacio. Merece una visita durante el carnaval, para conocer de cerca la Zafarronada de Omaña, una mascarada ancestral que cada año rememora arcaicos cultos al final del invierno. Apenas a unos kilómetros está <strong>(3) Pandorado</strong>, otro referente en Omaña. La ermita y un exiguo caserío servían de descanso a los ganados trashumantes que cada año transitaban por estas lomas en busca de los puertos de verano. Pandorado celebra una multitudinaria romería, una de las más vistosas de la comarca, el día 15 de agosto. Ofrece una interesante panorámica del entorno, un paisaje de cerros alomados que hablan de la antigüedad de sus materiales, profundamente modelados durante millones de años. Tierra áspera, poco generosa, las gentes obtenían exiguas producciones a cambio de un ingente esfuerzo. Por eso es muy evidente el uso diferencial del terreno: las solanas se ocupaban con tierras de laboreo, tierras centenales, de las que se obtenía el grano con que amasar el pan; las umbrías, por contra, se dejaban “a monte”, pues el arbolado era también necesario en una economía de subsistencia. Y esa diferenciación ancestral se sigue leyendo en el paisaje, aunque ya no se cultive centeno y los montes estén cubiertas por escobas y piornos.</p>
<p>Multitud de pequeños pueblos ocupan los valles y lomas que abarca la vista. Su aspecto en poco difiere de lo que debieron ser los castros, mimetizados entre la vegetación.</p>
<p>La carretera prosigue remontando el río, en ocasiones junto a él y otras, por la ladera. Se llega pronto a <strong>(4) El Castillo</strong>, inconfundible por las ruinas de la vieja fortaleza junto a la que creció el pueblo. El castillo de Benal o de Atenar, fue mandado construir por la poderosa familia de los Quiñones, condes de Luna. El Castillo custodia también una magnífica mancha de roble melojo. Desde el pueblo se puede subir al Cueto Rosales, donde un mirador ofrece inmejorables panorámicas de Omaña y de las cumbres que le circundan.</p>
<p>El río muestra su energía y los sucesivos cotos trucheros que le dan renombre. Apenas a unos kilómetros, un cruce marca el desvío hacia <strong>(5) Fasgar</strong> a través del Valle Gordo, uno de los ramales propuestos en el recorrido. Crestas de cuarcita parda, pedreros y canchales en las cumbres, contrastan con laderas en las que proliferan bosques de abedul, algunos de los más destacados de León. Propio de latitudes más septentrionales, el abedul resiste bien el frío y muestra una marcada querencia por suelos ácidos, por lo que encuentra en estos valles condiciones óptimas, donde ocupa sobre todo, laderas orientadas al norte que le garantizan la frescura en el suelo que requiere durante todo el año. El abedul es inconfundible, por su característica corteza blanca, estriada. Entre los muchos pobladores del abedular, el más emblemático es el urogallo cantábrico, una especie en peligro de extinción que tiene en estos bosques algunos de sus últimos reductos ibéricos. Cada primavera, al alba, los machos cantan encaramados en las ramas, en busca de las cada vez más escasas hembras. <em>¡Un verdadero espectáculo de la naturaleza!</em></p>
<p>El valle de Fasgar guarda en sus montes otro secreto, una amplia vega de origen glaciar, solo accesible a pie, el Campo de Martín Moro Toledano. En ella se levanta una pequeña ermita, dedicada a Santiago, que se vincula a una  gran batalla ocurrida en la campa durante la Reconquista. Alrededor de la ermita, cada 25 de julio, se celebra una de las romerías más entrañables de toda la montaña.</p>
<p>Los romanos buscaron oro en estas tierras y trazaron no pocas calzadas y puentes, como los que se conservan en Fasgar, Barrio de la Puente o Murias de Paredes, aunque su factura actual es, posiblemente, medieval. Cualquiera de los pueblos del recorrido exhibe una vistosa arquitectura popular, que se manifiesta, sobre todo, en los pequeños detalles, en corredores labrados por hábiles carpinteros, en una flor tallada que adorna el dintel de una puerta o en una cruz que busca protección…</p>

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		<title>El Valle de Laciana y Babia</title>
		<link>https://turisleon.com/lugares/el-valle-de-laciana-y-babia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alvaro Miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jul 2024 09:09:31 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La ruta por los valles de Laciana y Babia propone un recorrido por dos de los valles más singulares de la montaña leonesa occidental.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid gt-background-position-initial gt-background-attachment-initial gt-overflow-hidden gt-text-default"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner"><div class="wpb_wrapper">
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			<p>La ruta por los valles de Laciana y Babia propone un recorrido por dos de los valles más singulares de la montaña leonesa occidental. A pesar de su proximidad, ambos coinciden, apenas, en sus magníficos paisajes modelados por el hielo, pues poco se parecen en su litología o sus formaciones vegetales.</p>
<p>La ruta parte de <strong>(1)Villablino</strong>, una pequeña ciudad crecida a lo largo del pasado siglo XX con el auge de la minería. Alfonso X el Sabio otorgó carta puebla a Laciana, con el privilegio de celebrar un mercado que hoy se perpetúa, cada 12 de octubre, en La Feriona.</p>
<p>Antes de iniciar el recorrido en dirección a Babia, se propone acercarse a conocer dos puertos emblemáticos, el de Leitariegos y el de Cerredo. Para ello es necesario dirigirse hasta Caboalles de Abajo; para subir a <strong>(2) Leitariegos</strong>, basta proseguir por la misma carretera. Caboalles es un pueblo grande, con numerosas infraestructuras mineras, como el conocido Pozo María, cuyo castillete todavía se reconoce junto a las tradicionales casas lacianiegas.</p>
<p>El puerto, de imponentes vistas sobre Laciana y sobre la vecina Asturias, acoge las instalaciones de la estación de esquí y de montaña, que ofrece todo tipo de servicios para la práctica de estas actividades deportivas, así como numerosas rutas de senderismo con las que descubrir la privilegiada naturaleza de este valle.</p>
<p>De regreso en Caboalles de Abajo, la ruta propone subir al puerto de Cerredo, apenas a unos kilómetros. Para ello es necesario cruzar el puente situado entre el caserío en dirección a <strong>(3) Caboalles de Arriba</strong>. Es esta una  localidad tranquila, donde la minería ha mimetizado, solo en parte, su aspecto tradicional.</p>
<p>Conserva algunas casas antiguas, con sus patios cerrados y sus hórreos, algunos restaurados con la tradicional  cubierta de paja de centeno. Un paseo por el pueblo permite descubrir rincones de interés, la escueta iglesia en un alto o una curiosa fuente con la pila circular, amplia, como era necesario antaño para abrevar el ganado.</p>
<p>Una construcción moderna, que quiere simular a las de antes, alberga el Centro del Urogallo, un centro de interpretación donde conocer esta emblemática especie, y los valles donde vive. Detrás se ha recuperado la bolera del pueblo, donde se juega al pasabolos, una modalidad local del juego de los bolos.</p>
<p>Toda la umbría de Caboalles está ocupada por una interesante mancha del bosque característico de la media montaña cantábrica, el bosque mixto. Se trata de un bosque donde el roble albar y el roble carballo, dos especies de robles atlánticos, coexisten con otras muchas especies frondosas, sin que ninguna resulte dominante. Hayas, abedules, fresnos, arces, mostajos, serbales, cerezos, acebos, manzanos silvestres, avellanos o tejos, son algunas de las especies características de estas frondas, que prefieren valles húmedos consuelos ricos en nutrientes. La fauna es numerosa y diversa, pero el protagonismo es para el oso pardo, una especie en peligro de extinción que empieza a recuperar sus poblaciones en estos valles.</p>
<p>Al ir ascendiendo se observan prados de siega; ya en el <strong>(4) puerto de Cerredo</strong>, junto a ellos se levantan las cabanas, las construcciones que servían de refugio a pastores y ganado durante el tiempo que permanecían en la braña. Las brañas son zonas de pasto ganadas al bosque que, desde siempre, han permitido el manejo tradicional de los ganados en toda la comarca. Cada verano, las gentes con sus enseres y su ganado, se desplazaban a la braña, donde permanecían varios meses para aprovechar estos pastos altos.</p>
<p>Tras comparar los dos puertos lacianiegos, la ruta regresa a Villablino para dirigirse luego hacia Babia. La carretera pasa junto a <strong>(5) Rioscuro de Laciana</strong>, que mantiene su estructura tradicional con su iglesia, sus casas apretadas con magníficos ejemplos de arquitectura popular y el puente medieval sobre erío Sil. Un poco más adelante está el cruce de <strong>(6) Sosas de Laciana</strong>, otro de los pueblos que merece la pena visitar, con sus tres barrios, sus ermitas, fuentes y lavaderos recuperados con esmero. El pueblo conserva también una lechería, en la que se transformaba la leche obtenida en las brañas en manteca. Sosas tiene también un magnífico bosque mixto, La Devesa , y las evidencias de un gran castro, el Teso La Zamora.</p>
<p>Hay que regresar a la carretera general para dirigirse a <strong>(7) Robles de Laciana</strong>, otra localidad celosa de su patrimonio que cuenta con una de las mejores muestras del románico rural lacianiego, la iglesia de San Julián. En las antiguas escuelas se ha preparado un pequeño museo que expone una valiosa colección de fósiles de distintos periodos geológicos.</p>
<p>Y de nuevo en la carretera, remontando el curso del Sil, se deja atrás Villaseca, para alcanzar el siguiente hito del recorrido, <strong>(8) el puente de Las Palomas</strong>. Merece la pena dejar el coche en la zona habilitada junto a la carretera y acercarse a ver la profunda entalladura del Sil, con una caída de más de 80 metros. La zona muestra una interesante geología, con rocas plegadas y replegadas en formas imposibles y un amplio conjunto de evidencias glaciares.</p>
<p>Aquí pueden observarse unas especialistas de la vida en la montaña, las chovas piquigualdas y piquirrojas, dos córvidos que juegan con el aire en acrobacias imposibles… <em>¡contemplarlas en vuelo es un verdadero espectáculo!.</em></p>
<p>No lejos de allí se encuentra la <strong>(9) ermita de Nuestra Señora de Carrasconte</strong>, patrona de la comarca; y junto a ella, la Piedra Furada, un megalito que siempre marcó la delimitación entre los concejos de Babia y Laciana.</p>
<p>De aquí en adelante, se accede a Babia, en este caso a Babia de Suso, o de Arriba, que hoy corresponde al municipio de Cabrillanes. El primer pueblo es <strong>(10) Piedrafita</strong>, cuyos puertos fueron destino estival de ganados trashumantes desde siempre, una de las principales actividades de la zona. Llama la atención el pinar que se ubica sobre el pueblo; aunque se trata de una repoblación efectuada a principios del siglo XX, está perfectamente naturalizado y ofrece un agradable paseo por su interior.</p>
<p>Si se prefiere continuar la ruta, es aconsejable desviarse en dirección al Puerto de Somiedo. No debe dejar de visitarse <strong>(11) La Cueta</strong>, con sus tres barrios, uno de los pueblos más altos de León, con magníficos paisajes entre los que se encauza el Sil. Según se accede a La Cueta, se puede observar un impresionante conjunto de pliegues y fallas que deformaron estos sedimentos calcáreos durante las orogenias; ahora los geólogos pueden descifrar en ellos cómo se gestó la cordillera Cantábrica y a qué tremendas presiones estuvo sometida.</p>
<p>En estos valles predominan los pastizales y matorrales de forma globosa, que soportan bien largos periodos bajo la nieve. En primavera despliegan multitud de flores de colores brillantes que atraen a los insectos que las polinizan. Es el dominio del rebeco, señor indiscutible de la montaña.</p>
<p>En todo Babia es posible leer las evidencias de los glaciares; sus amplios valles de fondo plano, sus erguidas cumbres con circos glaciares en su base donde se acumulaba el hielo, sus canchales que se desparraman ladera abajo, depósitos de morrena que se disponen aquí y allá para relatar hasta dónde llegó el hielo, o su infinidad de lagunas que ocupan ahora las cubetas que antes ocupaba el hielo, son solo una muestra de ello. Enclaves como la laguna de <strong>(12) Lago de Babia</strong>, todo el entorno de <strong>(13) Torre de Babia</strong>, o las amplias vegas de Cabrillanes, son solo algunos ejemplos de cómo aproximarse a esta realidad.</p>
<p>Aunque cualquier valle, cualquier pueblo, ofrece paisajes únicos que hacen de Babia uno de los rincones con paisajes más hermosos del norte de León. Quizá por eso, los reyes asturianos cuando venían a estas montañas, abandonaban sus obligaciones y se deleitaban con el simple placer de “<em>estar en Babia</em>”…</p>

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		<title>Luna y Babia-Tierra de pastores trashumantes</title>
		<link>https://turisleon.com/lugares/luna-y-babia-tierra-de-pastores-trashumantes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alvaro Miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jul 2024 09:07:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Se trata de una ruta tranquila donde el paisaje será el mayor atractivo; aunque no faltan en ella pueblos de montaña, bosques singulares y tradiciones ancestrales.</p>
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			<p>Aunque solo visita una parte de Babia, la ruta plantea un recorrido por el Parque Natural de los valles de Babia y Luna, declarados también Reserva de la Biosfera. Se trata de una ruta tranquila donde el paisaje será el mayor atractivo; aunque no faltan en ella pueblos de montaña, bosques singulares y tradiciones ancestrales.</p>
<p>La ruta parte de <strong>(1)Los Barrios de Luna</strong>, localidad situada justo al pie de la presa que embalsa el río Luna, que se irá bordeando durante gran parte del recorrido. Es un pueblo tranquilo, con buenas propuestas para el turismo.</p>
<p>Cuenta con el interesante Museo del Pastor, donde se recrea la trashumancia, una forma de pastoreo que ocupó durante siglos a sus habitantes.</p>
<p>El propio embalse merece un poco de atención. Desde la presa, el paisaje es muy bonito, con cumbres calizas reflejadas en las aguas y el contraste de los bosques de roble y sabina que pueblan las laderas.</p>
<p>Desde Los Barrios, la ruta sigue por la carretera bordeando el embalse. En Mirantes de Luna es posible disfrutar de distintos deportes acuáticos en el “club náutico”. Pero su principal interés reside en el sabinar, un tipo de bosque que tuvo su esplendor en otros tiempos geológicos y que ahora sobrevive acantonado en estas peñas calizas. Unos kilómetros después, en Miñera, un centro de interpretación da a conocer la explosión de la vida ocurrida durante el Cámbrico, cuyas evidencias guardan las rocas de Luna.</p>
<p>Vuelta tras vuelta, siguiendo las colas del embalse, pronto se divisa el puente Fernandez Casado, un hito de la ingeniería civil española en la década de 1980, tras su construcción como parte de la autopista A-66 que comunica León con Asturias.</p>
<p>Se llega así al cruce que conduce a <strong>(2)Caldas de Luna</strong>, un bonito pueblo encajado entre montañas que cuenta con el único balneario activo de la Montaña. Custodia también algunas casas blasonadas y, sobre todo, magníficos paisajes de caliza, óptimos para disfrutar de un paseo sosegado después de haber “tomado las aguas”.</p>
<p>De regreso en la carretera y el embalse, la ruta prosigue en dirección a <strong>(3)Sena de Luna</strong>, que cuenta con una amplia oferta turística y muchas casas de piedra caliza. Un poco después se levanta junto a la carretera la ermita de Pruneda, que marcaba la divisoria entre los concejos de Babia y Luna. Después, la primera localidad babiana del  recorrido es Villafeliz, con su reconocido coto truchero.</p>
<p>Y así se llega a Babia, la tierra con la que soñaban los pastores trashumantes durante los meses que pasaban en los<br />
invernaderos de Extremadura; la tierra a la que acudían los reyes asturianos a descansar y olvidar sus obligaciones… quizá de ahí el conocido dicho de “estar en Babia”.</p>
<p>Babia, de paisajes infinitos, hermosos, de amplias vegas gestadas por el hielo, de cumbres altivas, albas, que contrastan con sus pastos verdes, siempre frescos. La ruta recorre solo una parte de su territorio, Babia de Abajo o de Yuso, con capital en <strong>(4)San Emiliano</strong>, siguiente destino del recorrido. Para ello, será necesario abandonar la carretera general y dirigirse hacia el puerto de Ventana. San Emiliano aglutina todos los servicios locales, así como una buena feria ganadera que tiene como protagonista al caballo hispano-bretón, aunque la cría de caballos es antigua en Babia; la tradición cuenta que Babieca, el caballo del Cid, era originario de estas montañas…</p>
<p>Babia tiene todo tipo de recursos para actividades de montaña y naturaleza. Sus paredes rocosas ofrecen vías inmejorables para la escalada en roca; su naturaleza caliza numerosas cuevas y simas a los amantes de la espeleología.</p>
<p>El senderismo disfruta de parajes únicos, lagos y collados, picos y valles; y su exuberante naturaleza permite casi cualquier actividad: la micología, la observación de aves, plantas y estrellas, o el geoturismo.</p>
<p>Desde San Emiliano se puede acceder a Pinos, y desde allí, por una pista forestal al puerto de Pinos, base de la emblemática cumbre de Peña Ubiña, solo apta para montañeros experimentados. Un amplio paseo permite disfrutar de la alta montaña en todo su esplendor: pedreros y llambrias, camperas plenas de flores, que antaño a recibían cada verano miles de ovejas merinas trashumantes… Estos ambientes extremos favorecen la aparición de endemismos, especies exclusivas de esta zona, como la <em>Saxifraga babiana</em> o de <em>Centaurea janeri ssp. babiana</em>, dos especialistas de la supervivencia en la montaña.</p>
<p>Desde San Emiliano, la ruta prosigue valle arriba. En Candemuela merece la pena visitar su iglesia; <strong>(5) Torrebarrio</strong>, con sus tres barrios, tiene buenas casas de piedra caliza, algunas blasonadas, y magníficas vistas de las Ubiñas, la grande y la chica. Y en la subida al puerto de Ventana la ermita de Nuestra Señora de Porcinero en un paisaje sobrecogedor.</p>
<p>De nuevo en carretera, un cruce indica el desvío a <strong>(6) Torrestío</strong>, de sugerente nombre, con sus aireadas casas, su potro y su amplia representación de hórreos. Y a la vista <strong>(7) el puerto </strong>de Ventana con sus panorámicas incomparables, que merece disfrutar con tranquilidad.</p>
<p>Para completar la ruta se plantea la opción de visitar <strong>(8)Riolago</strong> de Babia, uno de los pueblos más destacados de esta comarca, con sus casas de piedra y el palacio de los Quiñones, ahora convertido en Casa del Parque Natural de Babia y Luna, que serán un magnífico colofón para este viaje.</p>

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		<item>
		<title>Por los Valles del Bernesga y Luna</title>
		<link>https://turisleon.com/lugares/por-los-valles-del-bernesga-y-luna/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alvaro Miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jul 2024 09:04:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Esta ruta propone un sugerente viaje a través de los valles de los ríos Bernesga y Luna, por zonas eminentemente montañosas.</p>
<p>La entrada <a href="https://turisleon.com/lugares/por-los-valles-del-bernesga-y-luna/">Por los Valles del Bernesga y Luna</a> se publicó primero en <a href="https://turisleon.com">Turismo León</a>.</p>
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			<p>Esta ruta propone un sugerente viaje a través de los valles de los ríos Bernesga y Luna, por zonas eminentemente montañosas.</p>
<p>Son tierras de contrastes, que se perciben en cada mata arbolada, en respuesta a diversas condiciones bioclimáticas, ahora atlánticas, ahora mediterráneas. Son valles con una dilatada presencia humana, que ha dejado en ellos su impronta, desde el Neolítico hasta el siglo XXI, con sus innovadores sistemas de comunicación.</p>
<p>La ruta se inicia en <strong>(1) La Robla</strong>, casi una pequeña ciudad crecida al amparo del desarrollo minero y de la central térmica. La carretera por la que discurre (N-630), conocida popularmente como la carretera de Asturias, fue trazada a instancias de Jovellanos a finales del siglo XIX. Sigue el eje longitudinal marcado por el río, que perfila el valle de norte a sur, como también lo hacen la línea de ferrocarril y el nuevo trazado de alta velocidad.</p>
<p>A la entrada de La Robla, casi oculta por la térmica, se levanta la ermita de Nuestra Señora de Celada, en cuyas inmediaciones existió un hospital de peregrinos, ya que está construida al pie del jacobeo Camino de San Salvador. Se trata de una importante ruta de peregrinación medieval que se consolidó cuando los reyes promueven una ruta que, desde León, permitiera a los peregrinos que circulaban por el camino Francés desviarse de su itinerario para ir a venerar las reliquias de la catedral de Oviedo, entre las que figura el sudario de Cristo, para continuar después a Compostela. Por eso, los peregrinos francos pronto cantaban por el camino “<em>quien va a Santiago, y no al Salvador, visita al criado y deja al Señor</em>”.</p>
<p>Después de la Robla está Puente de Alba, una pequeña localidad que contaba con uno de los principales puentes para franquear el Bernesga, por lo que era paso casi obligado. Otros pequeños pueblos quedan a ambos lados de la carretera; los bosque de roble melojo dominan el paisaje de las laderas, mientras el río se acompaña de un bosque galería constreñido entre tanta infraestructura de comunicación.</p>
<p>Tras pasar Peredilla, otra ermita llama la atención del viajero. Se trata del <strong>(2) Santuario del Buen Suceso</strong>, donde se custodia una imagen de Nuestra Señora, patrona de Gordón. Hito destacado en el camino de San Salvador, la ermita es una sólida construcción del siglo XVIII que ha sufrido numerosas reformas. De su existencia ya se tiene noticia en el siglo X.</p>
<p>Unos kilómetros más allá, en el desvío a LLombera, aparece la primera singularidad botánica del recorrido; se trata de un encinar de considerable extensión, el encinar de LLombera, muestra sobresaliente de estas formaciones que salpican aquí y allá algunas de las laderas orientadas al sur de toda la comarca.</p>
<p>El recorrido prosigue hasta <strong>(3) La Pola de Gordón</strong>, cabecera de la comarca. Su aspecto ha cambiado mucho en los últimos años y ya apenas quedan las viejas casas de corredor cerrado o los soportales donde se celebraba mercado. La minería del carbón ha sido el motor de todo el valle, y sigue siendo una de sus principales actividades económicas, a pesar de la grave situación que atraviesa. De su presencia quedan numerosas evidencias.<br />
Siguiendo por la carretera N-630, dejamos a un lado el cruce hacia Beberino y Geras, al que más tarde se regresará, y se prosigue en dirección a Santa Lucía y Ciñera. <strong>(4) Ciñera</strong> merece una parada para disfrutar de un agradable paseo y visitar El Faedo y las hoces del Villar.</p>
<p>El Faedo es un bosque de hayas donde crecen algunos ejemplares centenarios de gran porte. Umbroso y fresco incluso en verano, en su interior sobresale el profundo olor de la hojarasca en el suelo y el rumor sosegado del arroyo que lo atraviesa. Las hayas son muy exigentes en sus requerimientos e imponen duras condiciones a otras especies vegetales, por lo que el sotobosque está poco desarrollado.</p>
<p>No lejos se levanta el Pozo Ibarra, el castillete de la vieja mina declarado Bien de Interés Cultural. Tras cruzar el bosque, remontando el arroyo del Villar, las paredes de caliza que dominan el paisaje se estrechan hasta forma una pequeña garganta, las hoces del Villar, por las que antaño bajaban a trabajar a las minas vecinos de los pueblos del valle del Torío.</p>
<p>Para facilitar su paso sobre el agua se construyó el puente palos, una plataforma elevada anclada en la pared, ahora reconstruida para facilitar el uso turístico.</p>
<p>Tras la excursión y de regreso en la carretera, se enfila de nuevo dirección norte, hacia <strong>(5) Villamanín</strong> de la Tercia cuyos valores naturales son la base de una amplia oferta turística. En su museo etnográfico se pueden conocer las formas de vida de la zona a lo largo del siglo XX.</p>
<p>Desde Villamanín se puede continuar hacia el puerto de Pajares, con unas espectaculares vistas de la montaña cantábrica central. En las cercanías del puerto se levanta la <strong>(6) colegiata de Arbas</strong>, muestra destacada del románico rural leonés. También se puede pasar al vecino valle del Torío, ubicado a levante, a través de la collada de Cármenes; o se puede ir hacia poniente, para adentrarse en el espectacular <strong>(7) valle de Arbas</strong>, presidido por la inconfundible mole caliza de las Tres Marías.</p>
<p>Es esta una opción recomendada. Vegas de pasto y prados de siega prosperan allí donde la roca lo permite. Las primaveras tintan las camperas de mil colores, cuando la nieve invernal libera a estos valles de la incomunicación.<br />
La estrecha carretera que cruza el valle asciende y desciende siguiendo los perfiles del terreno. Deja a un lado el embalse de Casares, idóneo para la observación de aves acuáticas y, poco a poco, sube hacia un pequeño túnel que horada la sierra de Alceo, desde donde las vistas son insuperables.</p>
<p>Si se atraviesa el túnel, la carretera conduce al valle de Luna, el siguiente destino de la ruta. Aunque más fácil es llegar a él desde La Pola de Gordón, a través del valle del río Casares, por las localidades de Beberino, Cabornera y Geras de Gordón. El recorrido ofrece hitos interesantes, como el hayedo de Cabornera y las evidencias de la antigua calzada romana, y en Geras, sus reconocidos embutidos y el centro de interpretación de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga. Se llega así a la collada de Aralla, destino tradicional de rebaños trashumantes y, un poco más adelante, se conectará con la otra carretera que proviene del valle de Arbas.</p>
<p>En cualquiera de los dos casos, se accede al valle del río Luna, presidido ahora por el embalse que anegó gran parte de sus pueblos y de su vega. Una vez en la carretera que bordea el embalse, se tomará dirección a <strong>(8) Los Barrios de </strong><strong>Luna</strong>, donde finaliza el recorrido. Luna alberga infinidad de recursos de interés, algunos muy relevantes. Sus pueblos solitarios, como Abelgas, Portilla o Sagüera, custodian aún la memoria de otras formas de vida en sus casas con corredor y en sus casas de patín. El embalse ha propiciado nuevas alternativas a la zona y en Mirantes se ubica el “club náutico” que permite la práctica de diversos deportes acuáticos.</p>
<p>Pero sobre todo, son dos las singularidades que hay que destacar en esta zona media del valle del Luna: el sabinar de Mirantes de Luna y la Serie geológica de Los Barrios de Luna.</p>
<p>El sabinar ocupa las franjas de caliza desnuda en los alrededores de Mirantes. Es una formación de enorme interés, uno de los últimos representantes de este tipo de bosques, que tuvieron su expansión en otro momento de la historia de la Tierra, cuando las condiciones eran mucho más extremas que en la actualidad. La especie dominante es la <em>sabina albar</em>, inconfundible por su característico porte cónico y tono verde oscuro, apagado. Forma un bosque abierto que prefiere laderas orientadas al sur, donde la sabina se acompaña de distintas especies de carácter mediterráneo.</p>
<p>La Serie Geológica de Los Barrios de Luna puede conocerse en la localidad de Los Barrios de Luna. Es un punto de interés geológico de relevancia internacional, al que acuden estudiosos de todo el mundo para desentrañar en sus rocas cómo se formó la cordillera Cantábrica hace varios cientos de millones de años. El estudio de estas rocas ha permitido también conocer los diferentes ambientes desarrollados a lo largo de su historia geológica y los distintos seres que los poblaron. Para acercar estos recursos al público, en Miñera se ha habilitado un pequeño centro de interpretación con numerosos fósiles y explicaciones. Los Barrios de Luna cuenta también con el Museo del Pastor, con distintos aspectos de la vida de los pastores trashumantes, muchos originarios de estos valles.</p>

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		<title>Los Valles del Curueño y del Torío</title>
		<link>https://turisleon.com/lugares/los-valles-del-curueno-y-del-torio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alvaro Miguel]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jul 2024 09:04:14 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La ruta propone uno de los recorridos más sugestivos por la Montaña leonesa central, a través de los valles de los ríos Curueño y Torío.</p>
<p>La entrada <a href="https://turisleon.com/lugares/los-valles-del-curueno-y-del-torio/">Los Valles del Curueño y del Torío</a> se publicó primero en <a href="https://turisleon.com">Turismo León</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid gt-background-position-initial gt-background-attachment-initial gt-overflow-hidden gt-text-default"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner"><div class="wpb_wrapper">
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			<p>La ruta propone uno de los recorridos más sugestivos por la Montaña leonesa central, a través de los valles de los ríos Curueño y Torío. Cruza un macizo calcáreo en el que las evidencias de la erosión kárstica son más que destacadas y accede a los puertos de la cordillera Cantábrica, con sus bosques y sus amplios pastizales. No faltan tampoco pueblos singulares, de montaña, así como las evidencias del amplio pasado que atesoran estos valles.<br />
El circuito se inicia en <strong>(1) La Vecilla</strong>, un interesante pueblo con un caserío amplio y que cuenta con numerosos servicios turísticos, favorecidos por el paso del ferrocarril de vía estrecha. Algunos de los pueblos de la comarca, como Campohermoso o Aviados, custodian palacios y torres que hablan de las nobles familias que aquí tenían sus casas solariegas.</p>
<p>La Vecilla acoge también un curioso museo, dedicado al gallo de pluma de León, una especie que solo se cría en este valle, muy apreciada para la obtención de plumas con las que se montan moscas artificiales para la pesca deportiva. Su feria anual atrae a un gran número de aficionados a este deporte. Desde La Vecilla, la ruta toma dirección norte, siguiendo el curso del río Curueño. Pronto se adentra en el municipio de <strong>(2) Valdepiélago</strong>, elegido según cuenta la tradición por san Froilán para su retiro espiritual. En la ermita de Valdorria tuvo el santo su eremitorio, rememorado cada año en una sentida romería. Otros cenobios asentados en esta vega contribuyeron a la repoblación medieval de la zona; de ellos queda poco más que el recuerdo en la toponimia, como Valdecésar.</p>
<p>El río Curueño apenas se intuye en el paisaje gracias a la vegetación que lo acompaña. Sus aguas limpias y frescas son hábitat idóneo de la trucha, lo que favorece una numerosa afluencia de pescadores durante la temporada, que con la colaboración de guías de pesca locales completan un lance inolvidable. Por encima de Valdepiélago el río se encañona para atravesar las hoces de Nocedo y las de Valdeteja. Paredes verticales de caliza muestran la implacable acción del agua sobre la roca durante miles de años. Son formaciones que imponen condiciones implacables a la vida, por lo que las plantas y animales que aquí viven, presentan un alto grado de especialización y numerosas adaptaciones que les permiten sobrevivir.</p>
<p>La cascada de <strong>(3) Nocedo</strong> es otro enclave de interés, donde el agua se precipita en un salto de singular encanto. No lejos de allí, junto al río en las caldas de Nocedo, un manantial de aguas termales permitió, en el siglo pasado, el establecimiento de un balneario ahora en desuso.</p>
<p>Poco a poco, entre imponentes moles de caliza gris, y siempre hacia el norte, se llega a <strong>(4) Lugueros</strong>, capital del municipio de Valdelugueros, históricamente integrado en la montaña de Los Argüellos, un amplio territorio que los romanos denominaron Arbolio, quizá en alusión a su frondosa vegetación. A ellos se debe una intrincada red de calzadas que cruzaban la Cordillera por diversos puntos y que aquí se conocen gracias al notable conjunto de puentes que se ha conservado, alguno de ellos en parajes realmente evocadores.</p>
<p>Casas blasonadas y escudos embellecen algunas fachadas y dan cuenta de un pasado de esplendor. Numerosas historias y leyendas, como la de la Dama de Arintero, atestiguan la nobleza de sus gentes. Recónditos hayedos  ocupan vaguadas frescas en las laderas, siempre buscando la humedad que ofrece el norte. Estamos en el León  atlántico. Más allá de Lugueros, Cerulleda y Redipuertas son los últimos pueblos del valle antes de acceder al <strong>(5) puerto de Vegarada</strong>. Destino estival de rebaños trashumantes, hoy es también uno de los accesos a la estación de esquí de San Isidro, por la zona de Riopinos.</p>
<p>El puerto es imponente, con altivas cumbres que se despeñan sobre amplias camperas de pasto surcadas por arroyos meandriformes. Tras el deshielo, las camperas se llenan de flores de vistosos colores con las que atraen a los insectos polinizadores; deben completar su ciclo biológico en apenas unas semanas. En las lagunas estacionales viven ranas y otros anfibios como los tritones. Son auténticos reservorios de vida en la montaña.</p>
<p>Vegarada merece un paseo tranquilo para disfrutar de los imponentes paisajes y de la frescura del aire de la montaña; pero hay que proseguir la ruta, lo que obliga a deshacer en parte el camino recorrido. Justo antes de iniciar el desfiladero, será necesario tomar un desvío en dirección a Valdeteja que, a través de la collada del mismo nombre, permitirá acceder al vecino valle del Torío.</p>
<p>Franqueada la collada, se inicia el descenso y así se llega a Genicera, Lavandera, Pedrosa y Valverdín. La carretera llega al valle del Torío y al cruce con la otra que transita por él. Primero se visitará el municipio de <strong>(6) Cármenes</strong>, con sus rincones incomparables y todo tipo de servicios turísticos; pero merece subir hasta Piedrafita para descubrir algunos pueblos acantonados en la montaña o seguir a pie el trazado de la antigua calzada del puerto de Piedrafita.</p>
<p>Tras conocer las fuentes del Torío, que para algunos autores significa fuente fría, merece descubrir el resto del valle.</p>
<p>Rodeado por picos como el Polvoreda o Correcillas, se toma la carretera, ahora en dirección sur, hacia Vegacervera. En Felmín está el cruce que da acceso a las <strong>(7) cuevas de Valporquero</strong> y, si se continúa por la carretera, a las <strong>(8) Hoces de Vegacervera</strong>, una de las gargantas más conocidas de la provincia, donde el agua ha lamido la roca y tallado en ella formas insospechadas. Estas hoces se enmarcan en la misma formación geológica que las de Valdeteja, que se atravesaron en el recorrido por el Curueño. Pero las de Vegacervera son un poco más acusadas, lo que multiplica su espectacularidad.  Pero las hoces son solo una de las manifestaciones de los procesos kársticos. El agua de lluvia se vuelve ligeramente ácida en contacto con el CO 2 atmosférico, lo que favorece la disolución de la caliza. Cualquier grieta, cualquier fisura, posibilitan que el agua se filtre hacia el interior de la roca y produzca, en el subsuelo, el mismo efecto que en la superficie, originando un complejo mundo subterráneo de cuevas, simas y galerías. Este es el caso de la cueva de Valporquero, uno de los principales atractivos turísticos de León. Tan interesante como la cueva, que los expertos califican como “<em>endokarst</em>”, es el entorno de la misma, donde se manifiestan otros tantos fenómenos kársticos, en forma de dolinas y sumideros, lapiaces y surgencias de agua. Una pequeña ruta por este “<em>exokarst</em>” permitirá obtener una idea completa del complejo modelado de la caliza en la zona, tanto en superficie, como en el subsuelo. Los más aventureros podrán atreverse con el conocido como “<em>curso de aguas</em>”, un circuito de espeleo-barranquismo por el curso de agua subterráneo vinculado a la cueva. Valporquero ofrece también el mirador de la Atalaya, desde donde percibir la belleza de estas montañas. Tras la lección de geología activa, hay que regresar a la carretera principal; de nuevo en el valle, la carretera serpentea junto al río y cruza las Hoces para llegar a <strong>(9) Vegacervera</strong>, otro punto estratégico para el turismo local. Es recomendable una parada para probar la cecina de chivo, uno de los productos más sobresalientes del valle. Aguas abajo, el paisaje se suaviza y, poco a poco, la montaña da paso a la vega fluvial. <strong>(10) Matallana de Torío</strong> es otro referente comarcal, en parte gracias a la estación de FEVE que favorece las comunicaciones con León. La zona conoció su auge el siglo pasado, cuando las minas de carbón estaban en plena producción; ahora apenas quedan sus evidencias en el paisaje.</p>
<p>Destaca en Matallana un interesante yacimiento de corales, que permite conocer cómo, hace millones de años, se gestaron estas imponentes moles de caliza gracias a los sedimentos depositados en un arcaico mar donde vivían seres bien distintos a los actuales.</p>
<p>Justo al salir de Matallana, una rotonda posibilita el retorno a La Vecilla, punto de inicio de este recorrido; también se puede visitar el curso bajo del Torío donde se mantiene el paisaje agrario tradicional a pesar de la proximidad a León.</p>

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